viernes, 29 de julio de 2011

Hacia la Última Thule: La Tierra de Apátridas

Existe un solo problema político universal realmente importante: El patriotismo. Y el patriota es el problema hecho carne.

Este pensamiento-sentimiento podría tener su origen en una necesidad intrínseca del ser humano como ente social en ser reconocido, identificado y de mostrar pertenencia dentro de un colectivo. Sin embargo es una pésima lectura psicosocial, porque estas connotaciones pueden alcanzarse en un plano ajeno al patriotismo. ¿No sería suficiente el calificativo "ser humano" para satisfacer esta necesidad intrínseca por encima de la herencia social?

Mi postulado no ofrece simpatía por la mundialización ni detracción por el patriota. Mi postulado manifiesta respeto a la libertad y reserva con el nacionalismo.
Mi lenguaje tampoco es apolítico, porque considero que en ignorar la política no hay mayor irresponsabilidad en términos de administración pública ( la presencia de los Estados es real y existe ahora mismo). Puede que ignorar la política sea otro síntoma de herencia social, como también lo sería su exacerbación. Vale decir que la demagogia es a menudo confundida con la política misma.

La Libertad hace honor a su significado por ser adimensional. La libertad no depende de una política heredada, mucho menos de modelos que bruscamente intentan fragelarla haciéndola nula: se secuestra a la Libertad cuando se le sobrepone significados a favor de una ideología para vestirla de multidimensional.
Con "libertad adimensional" declaro pureza mas no incapacidad para involucrarse en diversos ámbitos; es su interpretación de impura la que lamento cuando se vuelve multidimensional.

El nacionalismo parte de una libertad circunscrita en límites imaginarios: una libertad fragelada. El as bajo la manga -entre otras cartas escondidas- es la política neoliberal (modelo) con la que admite la posibilidad de alcanzar más apertura por medio de la globalización, dando el discurso esperanzador "libertad mundial"; cuando realmente se está omitiendo que la Libertad, antes que republicana, es -o debería ser- humana; por lo que el simple hecho de aceptar límites geográficos se está atentando contra la libertad. No se debe tratar entonces de lograr "más apertura", porque dicho concepto encierra una marginación inherente.

Por supuesto hay romanticismo impregnado en este texto, pero es que no puedo hablar de libertad sin él.

Pero tampoco pretendo atacar al neoliberalismo ni a su cabeza el capitalismo (no es el momento), porque eso es demasiado fácil. Nótese, por otro lado, que sugiero que este modelo puede llegar a ser víctima del patriotismo.

He llegado a percibir que los niveles de nacionalismo de un país, familia o persona, es directamente proporcional a su nivel de intolerancia. Sin embargo aclaro que no toda la intolerancia es debida al nacionalismo.

En el patriotismo, mientras más nacionalismo se posea más grande es el problema. El patriotismo no puede existir sin nacionalismo. El fanatismo que encontramos en el patriotismo se debe al nivel de nacionalismo contenido. Sin embargo hay patriotas antinacionalistas, aunque recordemos que todo "anti" tiene eso por lo que es anti; por ejemplo, un antisistema está sumergido en el sistema, pues ¿de qué otro modo llegaría a ser antisistema?
Existen patriotas socialistas (teóricos, simpatizantes o radicales), que de hecho tendrían más razón de serlo si consideramos la patria como utopía: la tierra de tierras. Pero el patriotismo del que trato es político, no filosófico.
En el patriotismo, el nacionalismo se diferencia de su -alguna vez amigo- socialismo en su poca sensatez, en su escaso nivel de realismo. Los primeros buscan un refugio ideológico y los segundos una solución demasiado justa.

Ni siquiera a grandes rasgos sería posible criticar al hielo y al fuego a la vez. No interesa si la dialéctica de la historia le da ventaja al socialismo, o si el capitalismo ha sido fenomenal para el 3% de personas en el mundo. El atractivo intelectual o el atractivo estético tampoco es importante mientras sean presa de líneas imaginarias.

Un apátrida es una persona con orígenes, con historia, con rasgos regionales, un cuerpo étnico y uno genético cómo no; pero no tiene patria. Llámese patria a aquello tangible o intangible producto de un legado de una gran comunidad; que debe respetarse, protegerse y amarse... porque, aunque no guste, es asignado. El patriotismo es la capa social, cultural y sentimental que sugiere compartir y alimentar la patria.
Un antipatriota es una persona que promueve, políticamente hablando, un cese de la(s) patria(s); sin embargo, el antipatriota tiene patria.
El antipatriota es político. Un apátrida puede o no ser político, mas siempre tendrá un estado filosófico. A este estado al que quiero remitirme ahora.

¿Quién podría tener más amor por La Tierra que aquel que no está dispuesto a dividirla sino compartirla?
El patriotismo es un instrumento de división. El nacionalismo un fanatismo, y los fanatismos son peligrosos para el alma. El apatriotismo debe ser la finalidad del que nace ciudadano, para dejar de ser ciudadano. La nación es el muro que debe ser derribado por el espíritu llamado apatriotismo.

El apatriotismo como fin político y estado filosófico supone la apertura más allá de lo jurídico, de lo institucional, de los legados. Un apátrida podría ver a esa persona que llora frente a una bandera como vería alguien a un asesino persignarse al pasar frente a una iglesia.
La cuestión es, amable lector que canso, que una actitud honesta para consigo mismo y el mundo sería acabar con el patriotismo; sin bombas, sin amenazas, sin violencia... sin nacionalismo.
El patriotismo acabará cuando se actúe a favor de nuestra única patria aceptada: La Libertad, el único patriotismo filosófico.

La tierra de apátridas supone un lugar libre, donde nadie se considere mejor por nacer en un territorio que no eligió. Con las energías direccionadas a otros menesteres ajenos al fanatismo de lo nacional. Un lugar donde las preferencias sean individuales y no heredadas.


Busco una tierra superior. Dicen que está al norte, pero al norte está un imperio. Aunque dicen que es una isla, pero la isla está congelada. ¿Es esa la Tierra de Apátridas, una isla congelada?

Así como el romántico canta líricas de "Tierras de Nadie", de "Paraísos Terrenales", de "Rayos de Luna", del "Valhalla", del "Oblivion", de "cuervos y cisnes enlodados"; yo propongo al ciudadano patriotado cantar canciones de "Última Thule", ya que no existe algo menos ideológico, más justo, más atractivo y más político-romántico que la Tierra de Apátridas.