sábado, 10 de diciembre de 2011

Hola, soy Satanás


Llámame Satanás. Nunca me gustó mi nombre. Ahí donde tú vives es el nombre de un eterno perdedor, sin duda, pero ¿me has preguntado quién soy? ¿Quién te habló mal de mí? ¿Por qué me detestas?

Una queja parecida tiene Belcebú, Mefistófeles, y hasta El Diablo. Se ha hablado tan mal de nosotros -tal cual campaña política sucia- que se ha llegado al extremo de confundirnos y tratarnos como a un mismo ser. Lo peor es que a ellos tres yo no les conocía hasta hace poco. Belcebú me envió una solicitud de Facebook, más tarde me topé con el blog de Mefistófeles y a El Diablo lo conocí en persona en las afueras del tercer círculo del infierno mientras hacía footing. Las playas del infierno son espectaculares, valga el comercial.

Hace unos 11,000 años, según tu sistema cíclico, me ofrecieron ser el malo de la película. No rechacé el papel porque el escándalo siempre viene bien como marketing, además estaba aburrido y quería acción en mi vida. No tuve que hacer nada, sólo se trataba de un cameo: tenía que absorber la catarsis de toda consciencia del éter. Lo que no me gustó es que los humanos se lo tomaron en serio y fundaron un negocio a base del rechazo hacia mi ser... y el negocio parece ser bueno. Nunca he hablado con un humano, me es imposible. ¿Sabías que soy mudo? (Y créeme, no soy el único mudo de por acá, ni de por allá, ni del más allá). Todo lo que sé de ustedes lo encuentro escrito en La Tierra, no por hombres sino por la naturaleza misma. Basta ver tu cara para leer el miedo en tu mirada (¡cobarde!). Es ridículo pero vives pensando que yo te provoco, ¿el qué te provoco, si ni nos conocemos hasta ahora? Sé objetivo, animal pensante.
He sabido que de malo nadie le gana al humano, y es que hasta dichas palabras -malo y humano- poseen asonancia.


No soy adversario de nadie, sino de mí mismo. 
No tengo dios, ni amo. 
Creado a sí mismo y poseído por la Libertad. 
Mi reino no tiene fronteras, 
mi reino no tiene plebeyos, 
no adoro ni soy adorado. 
Vivo en el fuego, alma soy; 
nazco en todos lados: omninaciente-omnipresente, 
y la inmortalidad es mi esclava.


Tu raza llamó "maldito" mi nombre y tampoco me gustó. "Maldito" no es un buen sobrenombre para un ente como yo. Maldito es un buen sobrenombre para aquellos que mueren, y sobre todo para aquellos que no saben morir.

No todo acaba ahí, es terrible pero yo también tengo admiradores, animalitos que toman mi nombre de pila para defender un individualismo podrido: el Satanismo. Aunque los hay quienes me rezan porque creen que les proporciono placeres y protección, y los hay quienes toman simbólicamente "Satán" para sí mismos. Estos últimos al menos están conscientes que no influyo en sus vidas (no creen en mí, pero no hay problema, yo tampoco creo en ellos). ¿Has leído los once mandamientos satánicos? Si has llegado hasta aquí aún estás a tiempo para volverte individuo, aunque eso no evitará que me ría de ti.

Sabes algo, el día que decida habitar tu planeta exigiré mi indemnización económica por daños morales. Al hacerlo, seguramente seré el primer extranjero multimillonario; en general, el primer ser en convertirse en el más poderoso de tu mundo en un solo día. Y eso lo deberé a ustedes, los humanos. Los seres más miedosos que he conocido en mis apenas infinitos años. Sin embargo les perdono, porque nunca han sabido lo que hacen.


Soy Satanás, 
llámame como quieras, mi alma nunca descifrarás.
Ven, soy el astuto decano, tu intelecto he de salvar.
Pero vete si me amas, que no quiero nada de ti. 
Si caes no te levantaré, pero si vuelas, volaré contigo. 
Soy el fuego, he venido a hacer de ti un volcán... 
¿que no quieres fuego? Entonces vive apagado el resto de tus días. 
No hay vida más allá, explota ya. 
Yo no existo.