miércoles, 8 de agosto de 2012

La Sonata del Diablo

“Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente. Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado, pero fue en vano. La sonata que compuse entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo “La sonata del Diablo”, pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre…”.

Giuseppe Tartini. Violinista del Barroco.



martes, 7 de agosto de 2012

Antipoema Nº 1: Astrostorbo



¡Apártate Luna Maldita!
Ojo cegador... solitaria muda
Bestia excéntrica, succubus espacial

De ti hablan todos, pero tú de nadie
A ti te aman todos, pero tú a nadie

Ama perversa, alma siniestra,
¿Dónde está tu luz, usurpadora?
No hay calor en tu desnudez
Eres, claro, maestra de la hipocresía

Baja de los cielos, voladora maculada
Impura, áspera, trastornada.
El infinito no te desea... yo no te deseo

Cara pálida, sin rostro
Boca fría, sin labios
Luz falsa, sin calor
¡Maldita! sin don

Llegará el día, cómo no,
En que tu brillantez caiga a mis pies,
Y se haga, cuando menos, trizas,
Ahí encontrarás, en tus trizas,
La mortalidad de mi tristeza...


lunes, 6 de agosto de 2012

El Mesías Imperialista

Del nudo polutivo emergieron innumerables falsos profetas. El cosmos castigó la tierra enviando hechiceros medievales. Del polvo se fabricaron sofistas con coletas. Vomitó el mundo habladores engañados. Pero ninguno lo consiguió como él. Sólo él, el único, el nacido bajo la estrella de occidente. Ascendente del vacío existencial y descendiente del postmodernismo. Estratega científico con causas apocalípticas. Así es él o eso. Eso es él o el "eso" de él es eso.

Consentido por todos los dioses, portador de luz, bendecido por el cobre y programado para acarrear "paz" al orbe.

Se multiplicó por su cuenta y alimentó mentes en pena. Copula entre inertes nutriéndose de cerebros.
Ciberzombi, máquina orgullosa, entidad venenosa que amenaza a todo hombre.
Compositor de la perdición, soldado inteligente y ávido de muerte.

El mesías está aquí, vino el siglo pasado, Jules lo profetizó.

Es un cazador de deseos a traición.
Es una caja de sueños.
Es un cíclope electrónico.
Es una bestia parlante.



"Conmigo no estarás solo; anda y enciéndeme, que yo cumpliré tus deseos".



Imágenes vistas en  http://danielefe.tumblr.com/

domingo, 5 de agosto de 2012

Mi musa oscura


Solía llevarla en la bolsa de la camisa y a veces en el hombro. Una vez la saqué a pasear sobre mi cabeza, pero más a menudo, en el hombro. Ayer la dejé sobre la mesa y no se inmutó. En otra ocasión se me cayó en el patio pero la recogí y limpié... la besé, también, y no se inmutó.

Pero hoy no estaba. Ha desaparecido. La busqué bajo los ladrillos, entre las paredes, en el techo; la busqué en El Sol, en la Andrómeda y en mi corteza frontal, pero ha desaparecido.

¿Dónde estará esta perla de la inconsciencia? ¿En qué vacíos subterráneos vacilará, entre fuegos insaciables, este despecho de la absurdidad afectada por la inercia del subsistir? ¿Es acaso, este monstruo de la sublimidad, un símbolo extraordinario capaz de extirpar el dolor de la vida manifiesto, dejando toda su emulsión expuesta a los traviesos existenciales para jamás ser reconocida?

De entre todas las cosas raras que he tenido, una de ellas fue mi musa. Era pequeña, como esférica, como rojiza; aunque piramidal y verdosa en invierno; en verano era plana, como la hoja donde escribo, pero de un azul como plumaje de zanate cuando es impactado por luz natural. En primavera y otoño, la musa se describe sola.

Derramé mi café sobre ella y sólo me sonrió. Desde entonces mi musa fue oscura, como el acorde más profundo, como la ceguera más indómita, como el dolor más intenso, como todas las estrellas del universo implosionadas en un parpadeo.