miércoles, 20 de febrero de 2013

Carta de renuncia exprés


VERSIÓN TRADICIONAL:

Estimados todos,
Agradezco infinitamente la oportunidad brindada, al permitirme acrecentar mis conocimientos y ganar experiencia, para aportarlos a la sociedad en su beneficio y mejora, de la mano de los principios y valores cívicos y morales.
No olvidaré que en esta empresa di grandes pasos, que crecí como persona, como profesional. Que todos los momentos vividos fueron para bien y siempre aprendí de mis errores. Aquí conocí el valor del trabajo, del compañerismo, del amigo. Esta fue mi más grande escuela, esta fue mi casa.
Por todo lo anterior, mil gracias. Gracias al presidente, vicepresidente, gerentes, administradores y a mis colegas con los que día a día dignificamos nuestras vidas.
Gracias por permitirme trabajar.




VERSIÓN CÍNICA.

Estimados todos, basta de ridiculeces.
Por fin me voy de este infierno, de esta casa de putas. Me cansé de enriquecer al dueño de la empresa, de matarme día a día para recibir una miseria de salario comparada con la ganancia que genera mi trabajo. Durante años, sólo aprendí que un imbécil es rentable hasta que abre los ojos. Mis conocimientos nunca fueron valorados lo suficiente. Debería agradecer la oportunidad brindada, pero no existe tal cosa. La oportunidad la tuvieron ustedes, que encontraron a un necesitado y se aprovecharon. Así colaboran con el decadente mercado laboral, con los negocios.
No tuve privilegios de nada, como debe ser, no le sonreía al jefe porque no encontré razones para hacerlo. Yo llegaba a laborar, no a lambiscar.
Conocí buenos colegas que, nuevos como yo, pasaron situaciones incómodas innecesarias por alimentar la absurda tradición. Pero a ustedes no los necesito más.
Con estas palabras doy por terminado mi contrato. Esta es mi carta de renuncia irrevocable. 

2 comentarios:

  1. He venido a leerlo caballero, una dulce y pícara sonrisa ha invadido mi rostro al tocar estas letras, usted sabe lo que pienso de ellas, he tenido que retener a mis queridos infames para que no corriesen a gritar al jardín que ni siquiera necesito interponer una carta de renuncia.

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  2. Bienvenida sea su mirada que intrépida y galante surca con propiedad los abismos que las letras cuales dinteles sostienen el pesar mundano. Y como brisa anarquista, pues no hay otra, desciende a plantar semillas entre danzas del este. Los desiertos se volvieron jardines a su tacto, comenzando por mi pecho.

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